No hay ninguna otra forma
Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero a fin de que nosotros, habiendo muerto para los pecados, vivamos para la justicia. (1 Pedro 2:24 RVA-2015)
¡No nos acercamos a Dios porque nos apoyamos en nuestra valía! ¡Ah! Ojalá lo entendieran, que solo es la valía del Señor Jesucristo. Es la cruz del Calvario lo que nos da el derecho a presentarnos confiadamente.
Nuestros pecados son perdonados porque Jesucristo, el Hijo de Dios, los llevó en Su cuerpo sobre el madero. La cruz manchada de sangre es la justificación moral en la que basamos ese derecho para presentarnos confiadamente y es lo que nos asegura que nuestros pecados son perdonados.
En mi caso, es muy reconfortante recordar constantemente que la cruz es una transacción concluida. La promesa se basa en la sangre que ya se derramó y en una transacción que ya se terminó, no en algo que podamos hacer o decir, ni en nuestras obras o valía.
Somos indignos. Sin embargo, el pecador más vil que se incline al pie de la cruz del Calvario y reclame el poder limpiador de la sangre, puede conocer la paz del perdón de todos los pecados, y luego acercarse confiadamente a Dios, el Padre celestial, por medio de la sangre de Cristo, por medio de la valía del Señor Jesucristo. Amados, no hay ninguna otra forma de acercarse al Padre celestial excepto por medio de Su valía. —Virginia Brandt Berg [1]
Dios nos amó en nuestro peor momento. Estábamos en nuestro pecado cuando el Dios del universo envió a Jesús a morir. Jesús pagó el precio de nuestro pecado conociendo TODO lo que hemos hecho y lo que haremos. —Jason Coache
[1] Áncora Jesús te acepta como eres