Y por eso ideó

De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. (Juan 3:16)

 Ese versículo revela la asombrosa verdad de que el Creador del universo amó tanto a la especie humana que envió a la segunda Persona de la Trinidad —Dios Hijo, Jesús— para que se hiciera humano y muriera en nuestro lugar por los pecados que hemos cometido, a fin de que no tuviéramos que sufrir el castigo de esos pecados, a pesar de que nos lo merecemos.
 El plan de Dios para salvarnos, que fue decidido desde antes de la creación del mundo, es consecuencia de Su amor por la humanidad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos aman y concibieron una forma de que nos salváramos de la máxima consecuencia del pecado: la muerte espiritual y la separación de Dios en el más allá, que las Escrituras llaman infierno.
 Hay personas que tienen la impresión de que Dios es cruel y colérico, de que nos juzga con dureza porque Él personalmente está ofendido por el hecho de que hayamos pecado contra Él, y por consiguiente exige egoístamente que seamos castigados.
 Podría haber castigado justamente a todos los seres humanos por sus pecados. Pero como Su naturaleza divina incluye atributos como Su amor, Su misericordia y Su gracia, quiso que no pereciera nadie, y por eso ideó una manera de que los seres humanos pudieran ser redimidos. Aunque somos pecadores y hemos pecado contra Él, Su amor es tal que lo ha llevado a disponer una forma de que nos salvemos del castigo que merecen nuestros pecados. El plan de Dios para salvarnos es manifestación de Su misericordia y Su amor por la humanidad. —Peter Amsterdam [1]

 La fe es como unos brazos abiertos que acogen la gracia, es un asir la mano de Dios que se nos ofrece mientras estamos en nuestra soledad de criaturas limitadas. —Gianfranco Ravasi

[1] Áncora El plan de Dios

Previous
Previous

Incorporar libremente

Next
Next

Aceptar nuevos escenarios