Un conocimiento más profundo de Dios

Recibieron la palabra ávidamente, escudriñando cada día las Escrituras para verificar si estas cosas eran así. (Hechos 17:11 RVA-2015)

 No es atípico pasar por crisis de fe y poner en tela de juicio ciertos aspectos doctrinales y hasta principios cardinales del cristianismo. El Señor a menudo se sirve de tales batallas mentales y espirituales para fortalecernos.
 Muchos cristianos han tenido crisis de fe o han batallado con andanadas de dudas. Me vienen enseguida al pensamiento casos notables como el de Martín Lutero, la madre Teresa y otros Las crisis de fe que tuvieron y las batallas que libraron para llegar a un estado de fe y de comprensión están bien documentadas. No obstante, esas experiencias derivaron en una fe más fuerte, en un conocimiento más profundo de Dios y de la relación íntima que Él quiere tener con cada uno de nosotros. Sus batallas y victorias han inspirado a muchos. Me atrevería a decir que sus conflictos internos también les permitieron comprender mejor las batallas que tienen las personas para definir su fe, y cómo en última instancia pueden servir para fortalecer dicha fe.
 En vez de ver las dudas y las crisis de fe como amenazas para nuestra fe que se deben resistir y apartar de la mente y del corazón, conviene tener en cuenta que los cuestionamientos, las dudas y el escepticismo también pueden ser peldaños que nos conduzcan a una fe cristiana fuerte y madura.
 Pueden llevarnos a reflexionar para entender nuestra fe, a investigar para determinar la veracidad de nuestras creencias y llegar a tener una fe razonada de carácter personal. —Maria Fontaine [1]

 Uno aprende y crece haciendo preguntas. Es precisamente a raíz de haber hallado respuestas que una persona adquiere la confianza para declarar sin temor ni reservas: «Creo». —Stephanie Hertzenberg

[1] Áncora Preguntas y dudas saludables

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