Gracias por darme cobijo

¡El Señor mismo te cuida! El Señor está a tu lado como tu sombra protectora. (Salmos 121:5 NTV)

 Oración: A la sombra de Tus frondosas hojas encuentro abrigo y descanso. Gracias, Señor, por el reposo que me brindas en medio de la refriega. Gracias por la paz que me das en medio del ajetreo diario. Gracias por darme cobijo bajo Tus ramas en la hora de más calor, cuando el sol me agota calentando con más fuerza.
 Gracias, Señor, porque descansando bajo Tu sombra puedo recobrar fuerzas. Me has dicho que acuda a Ti cuando esté trabajado y fatigado, porque me darás descanso. Cuando no puedo más, me echo a dormir la siesta a Tu sombra. Y luego, cuando despierto, estoy rebosante de vida y energía, en condiciones de reanudar mis tareas.
 No hay nada como descansar en Ti, Señor. No hay nada como encomendarte mis tareas para que me ayudes a hacerlas bien. Si no fuera por ti, me deslomaría. La carga es imposible para espaldas humanas, pero Tus eternos brazos me sostienen.
 Cuando echo mis cargas sobre Ti, eres tan grande y tan fuerte que las puedes llevar sin que yo las sienta siquiera. Y de paso me llevas también a mí. Amen [1]

 ¿Acaso no podemos —como niños fatigados— echarnos en los brazos eternos y reposar, seguros no de lo que sabemos, sino de Aquel en quien hemos depositado nuestra confianza?  Charles Haddon Spurgeon

[1] Áncora Los brazos eternos

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