Él no nos pide que efectuemos cambios

Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes. (1 Pedro 5:7 NTV)

 Los cambios son algo muy curioso. Por una parte, son estupendos y nos ayudan a alcanzar nuestros objetivos. Por otra parte, a medida que los vamos poniendo en marcha es natural que nos causen cierta incomodidad o que incluso nos molesten mucho y nos desestabilicen, pues nos encontramos en una situación en que nos toca aprender cosas nuevas o adquirir nuevas aptitudes.
 Debemos ver el proceso que vivimos al experimentar el cambio como parte de la recompensa, pues es precisamente ese proceso el que ayuda a fortalecer nuestra fe, a forjar nuestro carácter y a producir crecimiento en nuestra vida. La Palabra de Dios nos habla de los méritos de pasar por tiempos de pruebas y exigencias, y de lo valiosa que es esa etapa.
 Descubrir que Dios quiere que variemos y hagamos las cosas de otra forma es algo positivo. Él no nos pide que efectuemos cambios con miras a nuestra autosuperación; nos lo pide porque sabe cuál es Su voluntad y Su plan para cada uno de nosotros y cómo podemos cumplirlo mejor.
 Aunque oír hablar de cambios nos haga sentirnos intranquilos —lo cual es muy natural—, podemos confiar en Jesús y en Sus promesas infalibles que nos aseguran que Él siempre estará a nuestro lado y que no nos dejará ni nos abandonará nunca, sea lo que sea que afrontemos. —Maria Fontaine [1]

 Tus posibilidades latentes están delante de ti así tengas 8, 18, 48 u 80 años. Te queda espacio para mejorar. Puedes llegar a ser mejor mañana que hoy. —John C. Maxwell

[1] Conéctate Abogar por los cambios

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