Aquel regalo no se parecía a nada de lo que había disfrutado hasta entonces
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en expiación por nuestros pecados. (1 Juan 4:10 RVA-2015)
¿Te imaginas recibir un regalo de Navidad y no abrirlo en 20 años? Pues eso es exactamente lo que hice yo.
Hasta que una noche me encontré con un viejo amigo en la calle y me entregó nada menos que el regalo de Navidad que había dejado de lado todos aquellos años. Lo abrí más que nada para complacer a mi amigo, que estaba muy emocionado y parecía convencido de que era justo lo que yo necesitaba. Con asombro descubrí que él tenía razón. De golpe los otros regalos de Navidad de los últimos 20 años palidecieron en comparación. Aquel regalo no se parecía a nada de lo que había disfrutado hasta entonces. Era intangible, y sin embargo más real que el suelo que pisaba. Solo puedo describirlo como amor: amor en su sentido más amplio, profundo y verdadero, amor desbordante e ilimitado, incondicional e interminable. ¡Y era mío! Definitivamente mío. Por un momento me sentí lerdo por haber esperado tanto para abrirlo, pero luego me di cuenta de que eso ya no importaba. ¡Era mío!
Y ahí no acaba el cuento. Ese regalo es para todos. Si aún no has desenvuelto el tuyo, hazlo esta Navidad. Es el que lleva la siguiente nota: «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree no se pierda mas tenga vida eterna». —Keith Phillips [1]
Oración: Jesús, gracias a Tu nacimiento y vida en la Tierra me abriste la puerta para que gozara de una relación personal contigo y con Tu Padre, una conexión eterna que perdurará para siempre en el mundo venidero. Te ruego que vengas a mi corazón, me perdones mis faltas, me llenes de Tu Espíritu y me ayudes a llevar una vida que te agrade. Amén
[1] Conéctate El mejor regalo