Aman a toda la gente
Vístanse con la nueva naturaleza y se renovarán a medida que aprendan a conocer a su Creador y se parezcan más a él. (Colosenses 3:10 NLT)
La Epístola a Diogneto se la escribió a un pagano, de las obras de apologética cristiana dirigidas a no creyentes es quizá la más antigua de las que se conservan hasta el día de hoy. Reproducimos enseguida algunos pasajes:
Los cristianos no se distinguen del resto de la humanidad ni por su país, ni por su habla, ni por sus costumbres. Porque ni habitan ciudades exclusivas suyas, ni usan una lengua extraña, ni llevan un género de vida singular, sino que habitando ciudades griegas o bárbaras, según lo que a cada uno le tocó en suerte, y siguiendo los usos de cada región en lo que se refiere al vestido, la comida y los demás aspectos de la vida, dan muestras de un tenor de conducta admirable y, por confesión de todos, extraordinario, acorde con su ciudadanía espiritual.
Residen en sus propios países, pero solo como transeúntes; participan en todo como los ciudadanos, y soportan todas las opresiones como los forasteros. Todo país extranjero les es patria, y toda patria les es extraña.
Aman a toda la gente. Se les da muerte, y aun así se vivifican. Tienen necesidad de todo y, sin embargo, en todo abundan. Se los deshonra y, pese a todo, se glorían en la misma deshonra. Se los maldice, y ellos bendicen; se los injuria, y ellos muestran respeto. Cuando se los castiga se alegran como si se les diera vida. Los mismos que los odian no aciertan a explicar los motivos de su odio.
En síntesis, lo que el alma es al cuerpo, los cristianos son al mundo. Como el alma se esparce por todos los miembros del cuerpo, así también los cristianos por las diversas ciudades del mundo. El alma tiene su morada en el cuerpo, y, con todo, no es del cuerpo. Asimismo, los cristianos tienen su morada en el mundo y, aun así, no son del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; asimismo los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. El alma, que es invisible, está encerrada en la celda del cuerpo visible; de igual modo a los cristianos se los reconoce como parte del mundo y, sin embargo, su religión permanece invisible. [1]
La fe te da fuerza interior y un sentido de equilibrio y perspectiva en la vida. —Gregory Peck
[1] Conéctate El perfil del cristiano