Meditar en Su Palabra

En Tus mandamientos meditaré; consideraré Tus caminos. Me regocijaré en Tus estatutos; no me olvidaré de Tus palabras. (Salmo 119:15-16)

 Parte de meditar en la Palabra de Dios consiste en concentrarte en lo que lees o escuchas y reflexionar sobre ello. Vivimos muy ajetreados y muchas veces sentimos la necesidad de correr de una cosa a la otra. Por ello nos cuesta detenernos a pensar en serio en lo que hemos leído y cómo aplicarlo; pero es importante que lo hagamos si queremos que nos surta efecto.
 Leer la Palabra de Dios y meditar en ella nos pone en comunicación personal con Dios. Cuando meditamos sobre lo que leemos, creamos una oportunidad para que Su Palabra nos hable al corazón, ya que estamos predispuestos y preparados para escuchar. Al meditar en Su Palabra, accedemos a Su presencia con ansias de aprender, de crecer, de transformarnos, de estrechar nuestra relación con Él, de hacer Su voluntad. Él anhela hablar con cada uno de nosotros directamente.
 Si queremos que Dios esté presente en nuestra vida, si deseamos emular a nuestro Salvador, si queremos que la luz que brille a través de nosotros sea la de Dios y Su amor, es preciso que le dediquemos tiempo y que leamos Su Palabra. La Palabra de Dios —la Biblia— es el medio por el que Él se revela a la humanidad. Si queremos asemejarnos a Jesús, es vital que la leamos y que meditemos en ella, que la apliquemos a nuestro ser interior y a nuestras acciones externas. —Peter Amsterdam [1]

 La meditación es como el resplandor del sol, actúa sobre los afectos, calienta el corazón y lo santifica. La meditación trae la vida en una verdad. —Thomas Watson

[1] Áncora Lectura asimilativa de la Biblia

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