Lo que tenemos ahora no es más que una muestra

Ahora vemos oscuramente por medio de un espejo, pero entonces veremos cara a cara. (1 Corintios 13:12 RVA-2015)

 Al propio Dios le costó que los hijos de Israel abandonaran la idolatría de Egipto. Le tocó guiarlos por medio de Moisés, con la Ley como tutora, mediante rituales y ejemplificaciones basadas en objetos materiales: el tabernáculo, el arca, los sacrificios de animales, la sangre de los animales.
 Estos eran símbolos y sombras, meras representaciones de las realidades espirituales y de las verdades eternas a las que quería conducirlos. Tuvo que valerse de cosas que entendían, de elementos que les resultaban familiares tomados de la religión de Egipto y de otros pueblos paganos de la región, para intentar audiovisualizar para ellos, como lo haría un padre, las auténticas verdades espirituales de una adoración madura y reflexiva de Dios.
 Pablo llega en su predicción a los corintios: afirma que viene el día en que veremos a Jesús cara a cara y dejaremos de lado hasta estos dones pueriles de comunicación en el Espíritu. Hasta lo que tenemos ahora no es más que una muestra de las gloriosas realidades venideras.
 En el Antiguo Testamento hubo ilustraciones; en la actual época neotestamentaria se nos han revelado verdades espirituales con las que de momento contamos solamente por fe. Pero cuando Jesús regrese, lo veremos tal como es, cara a cara, seremos ni más ni menos que como Él, y experimentaremos plenamente las realidades divinas y del mundo venidero.
“ Pero cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte será abolido.” (1 Corintios 13:10) —David Brandt Berg [1]

 Ningún hombre da nada aceptable a Dios hasta que primero se ha dado a sí mismo en amor y sacrificio. —A.W. Tozer

[1] Áncora La polémica sobre el lavado de manos

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