El amor del Señor es inagotable, ilimitado
Nosotros amamos porque Él nos amó primero. (1 Juan 4:19 NVI)
Aunque amarnos los unos a los otros es en efecto un mandamiento del Señor, el amor que Él nos da para cumplir este mandamiento es una recompensa, porque el incomparable amor que Él nos tiene es lo que hace posible que entreguemos Su amor a los demás. Nos recompensa con ese amor cálido, seguro, íntimo y abundante cuando nos abrimos a Él y lo aceptamos. Es un amor tan grande que por mucho que lo compartamos no tendremos menos, un amor que el Señor no deja de prodigarnos a nosotros y a los demás.
En Su Palabra, el Señor nos ha dado todo un manual sobre cómo amar. Nos encarga que nuestro amor por los demás vaya en aumento. Es preciso que Su amor influya en nosotros para que a la vez nosotros podamos también influir en los demás. En esa posición, Él podrá investirnos de poder Debemos permitir que Su Espíritu obre en nosotros y por medio de nosotros para ayudarnos a entender el corazón de otra persona.
El amor del Señor es inagotable, ilimitado, y Su Palabra dice que algún día el conocimiento de Él y Su amor cubriría el mundo entero como las aguas cubren el mar.
¿Cómo rebosamos de Su amor? Empieza cuando ponemos los ojos en el Señor, nos acercamos a Él, lo buscamos y lo ponemos en primer lugar en nuestra vida: al amarlo con todo nuestro corazón. —Maria Fontaine [1]
La caridad, palabra que comprende el amor y la justicia, bien puede ser la más sublime de todas las virtudes cristianas. —Diana Butler Bass
[1] Áncora Llamado a amar