Dios reconquistándonos
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no lo conoció a él. (1 Juan 3:1)
La Biblia está llena de expresiones de la amorosa relación que nace del corazón de Dios hacia nosotros —como Padre, esposo y amigo— y va desde el Génesis hasta el Apocalipsis.
Cuando Adán y Eva le dieron la espalda a Dios en el Huerto del Edén, rebelándose contra Él, enseguida vemos el tono que se establece para el resto de los tiempos, pues la reacción de Dios no es un «¿Qué has hecho?», sino «¿Dónde estás?» Y el resto del relato es acerca de Dios reconquistándonos, pagando Él mismo el precio, abriendo camino para que estemos con Él.
El énfasis bíblico trata de un Dios que se ha revelado a sí mismo por medio de la naturaleza, por medio de las Escrituras, y en última instancia por medio de la Palabra viviente, la persona de Jesucristo.
Jesús se dirige a Sus discípulos y les dice que conocerlo a Él, es conocer al Padre, y que conocerlo es la vida eterna. Que Dios se haya revelado a sí mismo es parte fundamental de la teología cristiana y la base sobre la cual reposa nuestra seguridad. Es una de las verdades más profundas del mensaje cristiano, que aunque es posible que en ocasiones no sepamos lo que Dios está haciendo, ¡gracias a Dios lo conocemos a Él!
Lo que hace que esto sea todavía más maravilloso es saber que conocer al Señor no es simplemente una posibilidad abstracta, sino el propio deseo del corazón de Dios. —Tanya Walker [1]
La unión con Cristo es esa realidad espiritual por la cual nosotros como creyentes nos unimos a nuestro Señor y lo que es cierto en Él, se hace real en nosotros. —Bill Kynes
[1] Áncora Relación y unión con Dios